(Carta abierta a una joven vasca que hace unos días quemó un autobús en Pamplona)
Autor: Justo de la Cueva
9. Un aviso para ti: necesitas comer para vivir pero tanto como eso necesitas conocer y usar estadísticas para evitar ser una persona alienada y dócil.
A estas alturas de esta carta me he parado a repasar lo ya escrito antes de seguir. No tengo casi ninguna duda de que la extensa atención que en ella he dedicado a esa crucial crisis ecológica planetaria habrá encontrado eco en ti. A fin de cuentas tú perteneces a un pueblo que ostenta el récord mundial de haber sido el primero capaz de paralizar, gracias a su decisión de combinar para ello la utilización de todo tipo de luchas, la criminal construcción ya iniciada de una central nuclear. Una central nuclear (la de Lemoiz) que, mintiéndose segura, se pretendía instalar en un punto que en 29 kilómetros alrededor englobaba a un millón de personas (¿necesito recordarte la espantosa siembra de muerte y enfermedad desencadenada el 29 de abril de 1986 en el círculo de 30 kilómetros alrededor de la central nuclear de Chernobil? ¿necesito recordarte que sólo la decisión del pueblo vasco de utilizar todas las armas a su alcance para paralizar Lemoiz le ha salvado de correr el riesgo de un genocidio así pero peor?).
Pero si no tengo dudas sobre el eco que en ti encuentre la dedicación
de este texto a la crucial crisis ecológica planetaria
que tenemos ya encima sí me ha preocupado algo comprobar
hasta qué punto me he visto forzado en las páginas
anteriores a ir volcándote en ellas datos y más
datos estadísticos.
Y me preocupa porque soy muy consciente de la eficacia conseguida
por el inmenso esfuerzo que el sistema capitalista en el que malvivimos
ha hecho y hace para desacreditar los datos numéricos y
las estadísticas. Piensa ahora un poco conmigo: ¿cuántas
películas, cuántos telefilmes, cuántos comics
no has visto en los que el "malo", el enemigo a batir,
el que pone en peligro el mundo es un científico loco?.
Ridiculizado en su aspecto y en sus maneras pero siempre tópicamente
identificado por andar con papeles con fórmulas y números.
Y ¿cuántas veces no has oído por radio o televisión
eso de que hay tres clases de mentiras: mentiras grandes, mentiras
pequeñas y mentiras estadísticas?. ¿Cuántas
veces no has escuchado en tu familia o a tus vecinos eso de que
las estadísticas son un coñazo, de que no sirven
para nada o el chiste ese de que tú no te comes ningún
pollo pero las estadísticas dicen que sí?. ¿Por
qué crees que el régimen franquista se empeñó
tanto en conseguir que la Gestapo entrenara y perfeccionara las
técnicas de sus policías torturadores y no le importó
nada, por el contrario, que sus estadísticas fueran tan
malas, insuficientes, descuidadas y erróneas como fueron?.
¿Por qué crees que tantos periodistas y locutores
insisten tanto, directa e indirectamente, de frente o al desgaire,
dejándolo caer como cosa sabida, en que leer datos estadísticos
no vale la pena, en que son mentira, en que son un rollo, en que
son aburridos y que solamente interesan a los especialistas y
a los pedantes que los usan para presumir de diferentes?. En
que a la gente normal los datos estadísticos no le sirven
para nada.
Todo eso no sucede por casualidad. Sucede porque al bloque
de clases dominante mundial le ha interesado y le interesa
que la gente no se entere de lo que le está sucediendo.
Y sabe que una condición clave para enterarse de algo es
cuantificarlo. La gente que pasa hambre ¿cuánta es?.
Las enfermedades que padece mi pueblo ¿son más o menos
o iguales que las de ese otro?. Los muertos por accidente de automóvil
en mi comarca ¿son muchos, pocos, inapreciables, preocupantes?.
Fíjate en cuanto se esfuerza el sistema capitalista (en
realidad el bloque de clases dominante mundial que se beneficia
de él) para conseguir que sucedan DOS cosas a la vez. Una:
que la prensa y los medios y los parlamentos estén siempre
rebosando datos estadísticos. Dos: que la gente no lea
ni aprecie los datos estadísticos. Ni los falsos e irrelevantes
ni los muy preciosos y necesarios que les permitirían pensar
correctamente sobre lo que les pasa y sobre por qué les
pasa lo que les pasa.
¿No recuerdas el refrán que reza "ojos que no ven, corazón que no siente"?. Pues tradúcelo así: gente que no sabe cuánto le explotan, cuánto le roban, cuánta agua le envenenan, cuánto aire le emporcan, es más fácil de convencer de que NO le explotan, de que NO le roban, de que NO le envenenan el agua, de que NO le emporcan el aire. Y de que debe sentirse feliz y satisfecha por vivir "en el mejor de los mundos posibles". El que el capitalismo fabrica para ella.
Te digo todo esto porque en las páginas próximas
tendremos que manejar numerosos datos. Y antes de que lleguemos
a ellos me ha parecido imprescindible intentar conseguir que entiendas
que, igual que necesitas comer para vivir, necesitas conocer y
usar estadísticas. Sencillamente para evitar ser una persona
engañada, alucinada, ignorante de lo que te pasa, alienada
y dócil.
Porque los datos estadísticos sí que sirven. Porque son imprescindibles para entender lo que pasa y por qué pasa lo que pasa. Así es que ya estás advertida. Aquí vamos a usarlos. Y ojalá que quieras y puedas hacer el esfuerzo de vencer el efecto de esa vacuna antidatos que, para conseguir que no te enteres de lo que te hace, te ha metido en vena el sistema.
Notas:
(14) Karl Marx: Carta a Arnold Ruge desde Kreuznach, septiembre
de 1843, en Deutsch-französische Jahrbücher,
París/Zurich, 1844. Cito de las páginas 66/67 de
la traducción en castellano: Karl Marx y Arnold Rudge:
Los anales franco-alemanes, Ediciones Martínez Roca
S.A., Barcelona, 1973 (2ª edición, la 1ª es de
1970). 283 páginas.
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